17 de agosto de 2013

A TI

Llega un momento en la vida de todo bloguero en que debe acordarse de sus lectores, así que esta entrada queda dedicada a todos vosotros: el puñado de personas que aún hoy se unen de vez en cuando a este pequeño rincón.

Sois el motivo por el que se escriben estas letras, la razón de que la memoria trabaje tratando de rescatar momentos pasados, la explicación de por qué se siguen haciendo entradas, así que por todo ello:


Gracias por la santa paciencia que demostráis al leer una entrada completa de esas que suponen varias páginas de Word, por haber sido la fuente de inspiración, gracias al que aporta ideas de vez en cuando y al que espera sorprenderse con una nueva, al que se mantiene en la sombra y al que comenta cara a cara, al que tiene reservado su aporte y al que simplemente le agrada leer, al que ha vivido nuestras historias en persona y al que trata de descifrar el código en que está escrita cada una para vislumbrar algo de lo que ocurrió, al que difunde una entrada y al que critica otra, al que vuelve siempre a la misma y al que espera una nueva, al profesor y al alumno, al amigo y al conocido, al que le gusta y al que no, al que se mantiene constante y al que sólo lee ocasionalmente, al que conserva su interés y al que ya demuestra indiferencia, porque todos hemos estado en algún momento formado parte de esto, todos hemos intervenido de alguna manera, pasiva o activamente, quisiésemos o no.

Este pequeño texto pretende ser el paquete del agradecimiento frente al cariño y ánimo recibido por vosotros y este blog su medio de transporte. Las ideas se acaban, las vivencias se agotan, el interés se apaga y este tren está llegando al fin de su recorrido. Al igual que la mayoría de los que leen esto están a punto de obtener el punto final a su carrera, este blog se plantea llegar a su fin de aquí a unos meses quizás, por ello no se ha de cerrar sin expresar todo lo comentado arriba.

De nuevo, 



11 de agosto de 2013

¡¡Que se me lengua la traba!! (Segunda entrega)

Aquí va otra entrada de lo que quedó en el tintero y ahora rescatamos, a ver si así alegráis este blog un poquito porque está más muerto que los mensajes de '¿vas hoy a la escuela?' en verano.

FRASE DICHA
FRASE TRADUCIDA
COMENTARIO
Innovar con nuevas ideas
Innovar (simple y llanamente)
Hay que especificar que las ideas sean nuevas, porque innovar con ideas viejas no tiene gracia
¿Quién se ha traído los cubiertos de la Nocheviena?
¿Quién se ha traído los cubiertos de Nochevieja (o Nochebuena, donde vuestros cubiertos sean más lujosos)?
Pensando en las fiestas que se avecinaban y en la crisis, hay quien quiere unir las dos noches en una, pa’ ahorrar más que nada
Miembra, miembro y carne de membrillo
Miembros
Es pensar en ciertas clases y salirte frases como ésta
Tenemos cosas de más de nosotros porque somos nosotros los que tenemos las cosas
Nosotros somos los que editamos porque son cosas que nos pasan
Si tratas de explicar algo y nadie te entiende, sigue cambiando el orden de la frase que así a lo mejor lo pilla alguien
Legionela, ¡no! ¡Legionaria!, ¡no! Yo siempre me acuerdo de pasionaria
Procesionaria
Si quieres acordarte de una palabra, no hay nada como tus propias reglas mnemotécnicas, así al final llegas a lo que quieres aunque suponga que la suma de una bacteria, un soldado y una planta puedan dar lugar a una oruga. Es lo que tiene la metamorfosis “cetemeadora!
En el embalse hay peces y si se abren las compuertas, los peces se van
Sin traducción, no hay quien explique lo que se quería decir sin haber pasado antes por una clase práctica de CTMA intentando ver lo malo de todo
Estos peces, que poco agradecidos son: el hombre construye una pecera gigante y cogen los peces y se escapan a la mínima de cambio ¿eh? En serio, las prácticas de CTMA acaban afectando a la cabeza de alguna manera
Endertérmico
Nueva palabra inventada que significa: que la comida sea de la zona y que se mantenga a buena temperatura
Ciertas “tuperwadas” (o “fiambreradas”, que todos hemos nacido en esa época y por eso entendemos a Dani Rovira) dan para mucho, desde convencer a un profesor para que suspenda la clase hasta inventar nuevas palabras para la situación
A exentas
A expensas
Algunas veces queremos usar palabrejas y no sabemos exactamente cómo hacerlo, así que mejor abstenerse si no se sabe el momento ni el lugar o puede ocurrir que el profesor no te entienda y tus compañeros estén al borde de un ataque de risa
Casi aquí todo el mundo se va
Aquí se va casi todo el mundo
Está claro que todo el mundo quiere salir corriendo, pero no hay un lugar completo del que salir ya que no llega a ser un todo
Soy la juncia de la EUITA
Soy perenne en la escuela
Tras años en la escuela y algún curso que otro viviendo prácticamente en ella, lo que aprendes en las asignaturas da para mucho, como comparar lo aprendido en Malherbología (la juncia es una planta perenne)
Sobresaliente
Saliente
Si te das con un borde maligno de alguna escalera, no vale que sea saliente sino que encima debe tener un 10 para que haga más daño

31 de julio de 2013

APRENDER VISITANDO. Cuarta entrega

A otro lugar fuimos y no sin percances salimos: fue un día diferente, una visita diferente, de la que sólo algunos pudimos disfrutar, un pequeñísimo grupo unido que, hartos de trabajar en MS-DOS, salió hacia un maravilloso paraje en nuestra sierra provincial.

Comenzando la mañana con alguna que otra olvidadiza persona, confirmamos mejor que nunca que el cuestionario sobre una visita sirve más como elemento estresante que como medio para aprender más sobre lo que en la finca se hace o produce o cómo se llevan a cabo los trabajos allí.




Descubrimos que no en todos los lugares a los que vamos parecemos extraños ya que por raro que parezca, la gente del lugar que no sabían ni quiénes éramos ni qué hacíamos allí nos trataron como jóvenes del pueblo que desayunan tranquilamente en el bar con los amigos mientras el perro de un vecino se acercaba a rascar (y que le rascasen) lo que pudiese.

Logramos ver, al menos algunos, el lado más amable y por otra parte salvaje de cierta profesora no muy apreciada por el alumnado en general y que aún algunos defienden, la cual dedicó su visita más al senderismo y al contacto con el mundo campestre que a vigilar nuestras preguntas, inquietudes y conversaciones con nuestro guía, ganadero de la finca. Aunque no por estar más lejos estaría menos informada, ya que los espías siempre han estado presentes.




Confirmamos que a veces las cosas son como parecen, alguien que no sabe no contesta dentro de clase puede hacer exactamente lo mismo en una visita, evitando el desmadre al que la mayoría vamos predispuestos, poniendo el oído en vez de prestarnos su voz y actuando como un ente (aclaración: refiérase en este caso a la tercera acepción del término según la Real Academia Española y no a lo que muchos de los alumnos de esta nuestra escuela hemos acuñado como “ente”, que más bien se refiere a la primera acepción o referente a ella).

Disfrutamos del más relajado y gratificante paseo por el campo de los que hayamos podido dar en todas nuestras excursiones campestres, viendo animales de varias especies distintas y de trato diferente, respirando un aire puro y hablando con un experto en la materia, con gusto por su trabajo y por nutrir a los que le escuchan de algunos de los conocimientos que posee.



24 de julio de 2013

APRENDER VISITANDO. Tercera entrega

Podemos hacer una visita doble y sacar de ello el cuádruple de anécdotas que contar a los que se la perdieron, fueron a la alternativa o simplemente no cursaron la asignatura promotora de dicha actividad. Estamos hablando de esa hermosa asignatura que los más locos de Agropecuarias cogen de Libre Configuración y los de Jardinería tienen como obligatoria, esa en la que intentamos ir las menos veces posibles al campo de un conocido, echando fotos a cuanto árbol se nos pone por delante e intentando que en cada una el tiempo parezca todas las estaciones del año.

Empezando la mañana con una visita a uno de los centros en los que muchos de nuestros compañeros imaginan su futuro como funcionarios, pudimos probar algunos y confirmar otros que una fruta sabe mejor recién cogida del árbol y aún pisando la tierra que la ha criado, que si la probásemos recogida de un comercio (aunque éste consista en una furgoneta cargada de cajas) días después a su recolección, y que sabe mejor si es posible, cuando una sola pieza de la fruta en cuestión ha de repartirse entre varios compañeros.

Pudimos confirmar que siempre que tengamos alimento susceptible de ser recogido y guardado a buen recaudo, será tomado con total libertad y sin suponer esfuerzo alguno si se dan las siguientes condiciones:
  1. El alimento será gratuito para el que lo vaya a consumir, que será algún familiar, amigo o la misma persona que la recolecta.
  2. La acción que se está desempeñando de recogida de alimento no debe ser el trabajo al que se está dedicando la persona en cuestión, ya que en dicho caso, sí que requiere esfuerzo por su parte.
Vimos que o los inventores de exprimidores no pensaron obtener zumo de todas las variedades de cítricos (intentad exprimir una mano de buda con un exprimidor de casa y luego lo discutimos) o algún investigador agrícola quiso obtener el colmo de estos inventores.



Algunos aprendimos en vivo y en directo cómo no es recomendable para un abrigo y unos pantalones la combinación de:
  • Una persona torpe y solícita ante la llamada de una amiga.
  • El riego de tierras de fácil conversión a barro.
  • Correr por un caballón (con fines prácticos es lo mismo que una pequeña cuesta empinada), cargada, con prisas e intentando esquivar ramas bajas de cítricos.


De camino a una visita a una central donde procesan fruta para su consumo en fresco, pudimos comprender que para hacer más rápido el desayuno de un gran grupo de personas lo mejor no es repartirse entre varios de los sagrados centros de culto a la cerveza con servicio de alimentación matinal sino saber escoger el de servicio más rápido. Esta es la conclusión obtenida a partir de la experiencia vivida en un pueblo en el que uno de los centros en cuestión estaba regentado por un buen señor y su anciana madre, a la cual dejó sola unos instantes, error grave por su parte porque al dejarla sola a cargo del despacho del tan ansiado alimento, pudo provocar en ella un estrés jamás sufrido al ver entrar por la puerta a un grupo de jóvenes desconocidos, hambrientos e incontrolables por salir rápido con la tripa llena y no tener que marchar con un trozo de tostada recién hecha en la boca. Una parte del grupo acertó a la primera con el servicio más rápido de la zona y pudo desayunar a gusto en otro de los centros mientras se veían inofensivas pirañas en la televisión.

También aprendimos que no es necesario estar en plena calle para poner en práctica las normas de circulación, sino que basta estar rodeados de carretillas posiblemente arrolladoras de personas para que circulemos por el camino marcado para peatones por miedo a caer al suelo a causa de un montón de palés en movimiento.



Supimos de repente que no es agradable la charla, al final de la visita, de nuestro guía si donde nos encontramos es en una sala bastante grande, llena de cajas y con una temperatura nada agradable (el frío en invierno no agrada a nadie a no ser que se esté rodeado de nieve).


Lavadora, enceradora y secadora de frutas, sí de frutas
Lo que no pudimos sacar en claro fue el criterio que siguen en empresas como estas para poner “papelitos” a unas piezas de fruta y pegatinas a otras. Y si alguien se atreve a mencionar alguna de las cosas que nos llevamos guardadas en nuestra mente, que las comparta con el resto del mundo, que la mejor manera de aprender nunca fue una clase, sino todas las alternativas posibles a ésta (desde la discusión con los compañeros hasta la salida a la puerta de la escuela, desde las bromas escritas en la mesa hasta la salida a un campo desconocido, desde un viaje en autobús hasta uno en coche, desde una frase en una red social hasta un comentario en algún blog perdido, desde una observación en un partido de voleyplata hasta un chiste en la mesa de la comidia).


12 de julio de 2013

APRENDER VISITANDO. Segunda entrega

Al igual que la anterior, la siguiente visita pertenece a una asignatura que decepcionó a muchos en varios aspectos pero en la que finalmente aprendimos algo. Sólo un alumno fue capaz de enfrentarse en cierta manera con los docentes y dirigirles la sensación que teníamos frente a la asignatura y es que el nombre nos engañó por completo, creímos que aprenderíamos sobre cierto tipo de ganadería y en una de las clases a la que asistimos nos dijeron “es que este tipo de ganadería no existe en sí”. ¡Pues no le pongáis ese nombre a la asignatura, que nos confiamos!

Pero bueno, tras la decepción, aprendimos que hay otra manera de comercializar productos, aprendimos a entablar una discusión constructiva en clase y tener que cortarla por falta de tiempo y no de argumentos (rara vez pasa esto en una clase), aprendimos a tratar de ver todos los puntos buenos, malos y mejorables de las explotaciones animales, nos enseñaron que para que ciertos análisis sean completos debemos ayudarnos de expertos en otros campos y que para ofrecer todas las alternativas posibles a la mejora de un problema o el cambio de una situación, hemos de ayudarnos de muchas de las asignaturas que hemos cursado durante la carrera.

Queda aquí lo aprendido en la segunda y última visita que hicimos debida a dicha asignatura:

Fue a una explotación caprina donde aprendimos que nuestras excursiones pueden resultar peligrosas si la finca no tiene una entrada acondicionada a las dimensiones de nuestro transporte, viéndonos expuestos al tráfico y a una pequeña excursión por el borde de una carretera no muy ancha hasta la entrada de la finca. Observamos que otras visitas nos habían servido de algo, al comprobar que aplicábamos lo ya aprendido en las nuevas (gracias al “cetemeo”, todos sabemos apreciar los síntomas o el síntoma principal de una explotación con problemas de sobrepastoreo, ¿verdad?). Y, cómo no, pudimos comparar por fin la presión ejercida sobre nuestro dedo cuando lo introdujimos en unas pezoneras (a instancias de uno de nuestros profesores de esa asignatura llamada Zootecnia que ya habíamos cursado), con la presión natural que inspiró el invento: la de los cabritos cuando nos acercamos a sus estancias.

Nuestro grupo de acorralamiento al ganadero
Ciertas fotos más que instruir, asustan

 Apreciamos que algunas veces no somos nosotros los que hacemos las peores preguntas (quién diría que somos más de campo que algunos profesores, ¿eh?), que algunas fichas se rellenan mejor preguntando a los compañeros experimentados que a los propios ganaderos (si es que hay preguntas que cómo se las planteas a un ganadero para que las comprenda y no lo ofendas), que se puede planear una tupperwada en pleno campo sólo con observar a unos cerdos ibéricos de muy buen ver o a un burrito escondido de la vista de los menos observadores y que las protestas por la falta de tiempo nos ayudan a demorar las entregas que nos corresponden con el consiguiente interrogatorio y/o copiado de los compañeros.


Hay fotos que es difícil dejar atrás


2 de julio de 2013

APRENDER VISITANDO. Introducción y primera entrega

¿Creíais que se había vuelto a acabar todo? ¡No! Ha habido un periodo de “cerrado por exámenes”, pero que llegue el verano no quiere decir que nuestras historias se hayan acabado. Por la dispersión que ha sufrido el grupo que encabeza los relatos que hasta ahora se han publicado, este año no tenemos una historia nueva en común que contar. Pero ¡no os preocupéis! Además de faltar cosas por relatar que aún no ha habido tiempo de sacar a la luz, no sólo de historias en común vamos a vivir, ¿no? En la variedad está la esencia.

Por ello, como bienvenida para aquellos que están por volver o ya han vuelto, recordatorio para aquellos que se han quedado y novedad para los que no nos acompañaron en nuestras vivencias, aquí tenéis lo que aprendimos en algunos lugares de nuestro turístico recorrido euitense en el pasado año. Será una corta serie de entregas de no muy extensa lectura y no serán relatos como tal ya que además de no tener problemas con el transporte para ofrecernos una aventura, hace ya tiempo de esto y la memoria de la que se tira para escribirlo no llega tan lejos.

Un autobús que nos acerque y podamos poner de barro hasta el techo, una EXCURSIÓN impuesta y unos cuantos compañeros con más ganas de ver campo y pasar un buen rato que de rellenar un cuestionario, que a veces nos sirve de bien poco, es lo único que necesitamos en la escuela para hacer de una visita técnica toda una aventura.


De la visita a una explotación de vacuno (que bien podría haber sido la dueña de "Carretilla", no hay más pistas) sacamos un cartel de película entrañable, un colocón de Zotal®, una pequeña competición para ver quién se llevaba la amistad de Coco (si un perro te muestra su cariño, es difícil hacerse el indiferente), una grata sorpresa al ver un semental equino de grandes dimensiones y bonita figura y una decepción estomacal, al ser víctimas de un malentendido. Fuimos invitados a desayunar según logramos escuchar de una voz que, aún hoy, no se sabe de dónde salió, y un instante después debíamos ver cómo nuestras esperanzas de llenar la tripa “gratis” se veían frustradas al descubrir que todo había sido una confusión ya que quien realmente llenarían su estómago serían los trabajadores de la finca, que en los próximos minutos saldrían a hacer su tarea ordinaria, y extraordinaria debido a nuestra presencia.
"La amistad de Coco"
 Cartel de la entrañable película
 Seguimos el ejemplo de las víctimas de toda película americana de miedo/intriga que se precie, aunque a ellos nunca les favorezca: la segregación del grupo. En nuestro caso, era necesaria para obtener información, la cual fluye más fácilmente si la que pregunta es aquella a la que apodamos Griselda (la hermanastra de Cenicienta, que nosotros tenemos apodos para todos) y el que apunta y pasa las respuestas al resto es el que pone el oído a su lado discretamente, que si se da cuenta, nos fastidia el invento.

Cuando ya no hay que recopilar datos,
nos ponemos en plan grupo
Aprendimos cosas como, que en la finca mejor llevada que hayamos visto algunos también pueden ocurrir accidentes (que no se altere nadie que nosotros no sufrimos accidentes que puedan tentar al seguro, pero las personas que funcionan de guías en nuestras visitas suelen compartir con nosotros tanto sus logros como las piedras que han tenido en el camino, tales como un incendio), que siempre hay otras ingeniosas formas de hacer las cosas y en eso siempre se llevarán la palma la gente del campo (ganaderos, agricultores y trabajadores que se manchan las botas diariamente), que siempre que tengas a personas que pretendan ver cuál es tu trabajo tienes que venderte lo mejor posible y que, como bien hemos aprendido a lo largo de nuestra carrera: PARA TRIUNFAR EN EL MERCADO, hay que DIVERSIFICAR el producto.


El "producto"
Pero no sólo aprendimos, pues qué sería de nosotros, futuros ingenieros (técnicos, aunque a muchos se les olvide el apellido y quiera subir de categoría), si no pusiésemos peros a la más notable explotación que hayamos visto y veamos en años. ¿Qué pasaría si no pudiésemos poner objeciones? Nada, porque si a ninguno de nosotros se le ocurre, ahí están los guías de nuestros conocimientos, nuestros adorados profesores, para echarnos una mano a la hora de echar tierra encima a esas personas que nos reciben en sus casas para enseñarnos hasta el cuarto de baño si es necesario.

Para que no nos coja el toro,
nosotros vamos a verlo directamente

28 de mayo de 2013

NUESTRO GRAN DÍA ANUAL

Llega mayo y no sólo pensamos en los exámenes que están por llegar, primero viene lo que viene, la fiesta a la que denominamos como nuestro Santo Patrón: “San Isidro”. El día es el 15 de mayo, pero como no pega hacer una fiesta a mediados de semana y volver al día siguiente a clase, mejor lo celebramos el viernes de esa misma semana.

Son muchos los grupos que acumulan vivencias en este día, muchas las historias que se forman y pocos los años que parece haber asistido uno, porque siempre se quiere repetir, siempre queremos volver a disfrutar de un día tan nuestro.

El día comienza con un partidito de fútbol, que suele ser el único momento en que veamos a nuestros profesores correr, aunque sea detrás de una pelota. Pero, aunque a la fiesta acaba asistiendo media escuela, no es mucho el público que se acumula para ver este acto deportivo. No se sabe la razón, quizás sea por la hora en que se juega (un día en que se sabe que se va a llegar tarde a casa, no se levanta uno temprano) o por miedo (muchos quieren ver derrotados a los profesores, pero no hay tanta gente que se atreva a animar a los alumnos en su contra o desanimar a los profesores en público, pudiendo ser visto, ¿verdad? ¡Cobardes!).

Tras el partido, van llegando algunos a nuestro aparcamiento de atrás. Unos para reservar el sitio (ya vamos en plan romería por el mundo), otros para empezar a encender “motores”, algunos aún no saben de qué va la cosa y se han presentado demasiado pronto, otros empezaron la fiesta el día anterior y ese día es la continuación previa al fin de semana. Va llegando la hora central del día y la gente empieza a aparecer de repente, unos recién levantados, otros con el mundo recorrido desde hace horas buscando las provisiones para el resto y los demás, se levantaron a una hora moderada pensando que se tenían que preparar para la ocasión, que no querían llegar tarde pero tampoco demasiado temprano, que aún no sabe nada de nadie y no tiene ni idea de dónde quedó con el resto del grupo.

Saludos y más saludos, aunque nos hayamos visto el día anterior, siempre se escucha en el ambiente un “¡Hombree!”, y un ya conocido “¿pero no decías que no venías?”, porque al final se acaba animando la gente, una canción sustituyendo a un “¡Hola!”, o un levantamiento de cabeza tan nuestro si no nos queremos parar mucho con el compañero que vemos a lo lejos. Tras los saludos iniciales, una copita y a empezar con la barbacoa, la paellera o el tambor de la lavadora, a preparar una mesa portátil desplegable, una transportable por carretera a la antigua usanza o una composición de separadores viales (aunque luego traten de quitárnoslos), un intento de toldo protector con evacuación de agua condicionada (según quién se acuerde de vaciarlo antes de que se hunda y nos moje a todos) o una barrera frente al viento formada de vehículos (tan agrícola, tan agrícola y no disponemos de setos cortavientos).


Sacad el pan y la carne, el arroz y el sofrito, las patatas fritas que no falten, un pan preñaito, el vino, la cerveza, la manzanilla, el tinto, el rebujito y los refresquitos para los débiles o los que deben volver a casa. Intentad no olvidar el hielo, que no suele hacer frío (aunque algún año se cebe el viento, la lluvia y la baja temperatura con nosotros) y la cerveza caliente, aunque los extranjeros se empeñen, no debe ser el mayor placer de la vida.

Después, sólo los que conocen únicamente a su grupo son los que se mantienen en el sitio todo el día, el resto, por el contrario, vamos visitando a las diferentes “casas”. Los que conocemos a alguien de “otra morera”, vamos de visita improvisada y acabamos conociendo a gente nueva para disfrutar con ellos el resto del año. Un “¡te invito a una cerveza!” y un “sí, pero ahora te vienes a mi grupo y te invito yo”, un “¿qué profesores han venido?” y un “vamos a invitar al profesor X a algo (a ver si hoy nos lo ganamos)”, una sevillanita, una canción de reggaetón, una marcha discotequera y algún que otro valiente se echa a bailar donde no lo vea mucha gente, que todavía el alcohol en sangre no ha hecho su efecto.

De visita en visita y permaneciendo quietos sólo a la hora de almorzar, vamos pasando el día, entre risas y cantes, entre breves discusiones sobre ciertas asignaturas pendientes, una charla con los profesores que se atreven a entablarla y algunas bromitas con agua si el calor se cierne sobre nuestras cabezas. Y, hablando de cabezas, el tan esperado momento que hace que al final del día, cualquier sevillano que nos vea en el autobús, en el metro o en la ciudad siguiendo la celebración, pueda distinguirnos fácilmente entre la multitud. La hora del reparto de sombreros, seña de identidad allá donde vamos. ¿Qué futuro nos espera si no hemos recibido nunca ninguno de estos sombreros? Uno muy caluroso ¿O qué es de nosotros ese día si no nos cubrimos la cabeza con uno de ellos? Seremos los locos y los que puedan pillar una insolación ¿Quién se atreve a ir a la escuela en coche sin llevar uno de estos en la bandeja del maletero? Los que no asistieron nunca


Con nuestros sombreros en mano y el suficiente alcohol en sangre, algunos se buscan un bonito y cómodo sofá improvisado (los separadores viales tienen muchas utilidades) en medio del salón de tierra, una trae una bonita manta en su coche que nos viene de perlas a todos, otro trata de tirar el sofá y a sus ocupantes creyendo tener una fuerza superior por la confianza ciega que nos ofrece el tinto, a una se le rompen las gafas y otra se fotografía con ellas, uno aún posee globos de agua o, en su defecto, botellas fresquitas que derramar sobre el resto, alguien improvisa una pistola de agua (lo de ingenieros lo llevamos en la sangre y sólo necesitamos recipiente y presión), alguno se arranca con el cante (si no lo hizo ya antes) y otro trata de arrancarse con el baile, alguien se despide y es el momento en que debería de escucharse “algo se muere en el alma cuando un amigo se va”.

Así continúa nuestro día hasta que el sol decide que se acabó la luz natural, entonces viene la luna (más juerguista ella) y trata de salvar nuestra fiesta, pero los aliados del sol, los vigilantes de la UPO vienen a echar una mano e indicarnos que debemos abandonar. La mayoría se cansó hace rato, los que no quieren que el día acabe se mantienen en sus puestos hasta que se hace imposible el mantenerlo y los más fiesteros, deciden continuar aunque sea en otro lugar.

Y así, disfrutando de un día más de nuestras vidas, imposible de olvidar para algunos y difícil de recordar para otros, acabamos la celebración un año más, esperando que el año siguiente haya más y mejor.


Esperemos que el año que viene sea memorable, asistan los que nunca lo han hecho (sí, existen esas personas), vuelvan los que asistieron sólo hace años, vengan los que se lo perdieron el último por estar fuera, repitan los del año anterior y comiencen la tradición los que acaban de entrar. Confiemos en que nos veremos el año que viene (tanto alumnos como profesores, que aunque no nos llevemos bien con todos, alguno ya se ha ofrecido a acompañarnos en la borrachera y otros son bienvenidos cuando nos dirigen la palabra) en SAN ISIDRO. Disfrutad, que mientras contaremos los días que quedan hasta entonces, que hoy son 353.


15 de mayo de 2013

Cómo comentar. Una cosita corta

Hay algunos que se declaran seguidores de este blog, otros que entran de vez en cuando para ver qué hay de nuevo, algunos encuentran cosas interesantes, otros encuentran una máquina del tiempo hacia años muy próximos y otros simplemente quieren leer pero no es lo suyo llevarse tanto tiempo delante de un texto.

Por ello, se espera una mínima participación: bajo cada entrada hay unos "botoncitos" de valoración y siempre que no estés de acuerdo con ninguno de ellos y quieras expresar tu opinión personal, bien recibida será, ¡escribe un comentario!. Si tienes perfil el Google+ o Blogger, es muy fácil:





Aquí no hay expertos que conozcan todos los entresijos de blogger y la fase de investigación es ardua para realizarla a diario o semanalmente, de manera que, si alguien conoce una forma mejor u otra forma de dejar comentarios, que manifieste.

Podéis probar a comentar esta entradita, ayudando al buen funcionamiento y enseñando a los compañeros, que el saber es mejor si se comparte. ¡Expertos, hablad!

12 de mayo de 2013

¡LA AVENTURA!


Como ya se introdujo en la anterior entrada, todo comenzaba con una avería: un autobús se quedó a un lado de la calzada y algunos decidimos quedarnos junto a él, vivir la aventura de permanecer en medio de la nada y volver tras un intenso día con una historia más que contar.

El segundo autobús decidió irse finalmente con el resto de alumnos y dos de los profesores, y los que nos quedamos, aguantamos muy poco tiempo dentro del transporte. Nos quedamos, sin aire acondicionado, en un día de mayo en algún lugar entre un pueblo de Huelva y Sevilla capital. Parece ser que éste es el lugar que más se corresponde con nuestro escenario aventurero (aunque desde esta imagen haya cambiado algo): (nuestra aventura en el mapa)

Todo comenzó, como siempre, con el aburrimiento cerniéndose (según la octava acepción de la RAE) sobre nuestras mentes. Y por todos es sabido que un grupo grande de personas no aguanta mucho tiempo unido y en calma, sea cual sea su edad, por lo que la dispersión del mismo se produjo pronto.




Los que menos ganas tenían de moverse, prefirieron quedarse escuchando las sabias y educativas palabras de nuestro profesor (que no sólo te enseña sobre la asignatura en cuestión, también te enseña algo de la vida en general si pasa por su mente algún pensamiento en ese instante), manteniendo conversaciones grupales con el resto de sedentarios o tratando de encontrar algún objeto que sirviese para apaciguar la temperatura a la que nos enfrentábamos.
Estaba el término medio del grupo, que echó a andar, pero siempre sin perder de vista al resto, en las cercanías inspeccionando el terreno. Éstos son los que podríamos calificar como exploradores de la zona para un futuro asentamiento.
Y por último, el grupo de nómadas, el más reducido y activo ese día, el que más posibilidades tenía de sobrevivir (si nuestra agraciada desgracia se hubiese extendido más en el tiempo) intentando encontrar mejores lugares, más animados acontecimientos o simplemente la lejanía del primer grupo, que eran los guardianes de nuestro transporte y encargados de dar aviso cuando llegase nuestro rescate.

En el primer grupo, entre la partida de los nómadas y su regreso, se mantuvo una actividad constante. Algunos de los miembros del segundo grupo casi se unen al tercero ávidos de nuevas andanzas, aunque ya se sabe, en una gravera siempre podrás encontrar algo de diversión primitiva. Y el tercer grupo, es el que da nombre a esta entrada, el que posee en sus anales más acontecimientos dispares, aunque se desconozca la naturaleza de todos ellos.
Comenzó este último grupo su partida, previo permiso del “jefe de la tribu”, siguiendo el camino más razonable para un humano y más estúpido para una cabra (muchos siguen recordando a cierto profesor decir “imaginad qué haría una cabra”), el camino más largo y mejor pavimentado. Rodeando la zona visible desde la carretera, se encaminaron hacia lo que parecía el lugar en que las damiselas en apuros de los cuentos de nuestra infancia encontraban siempre su más fatídico acontecimiento y comienzo de su verdadera historia: el bosque.


Siguieron caminando en dirección al anhelado bosque imaginando toda clase de aventuras, tratando de discernir en qué se empleaban los habitantes de la zona y en cuyos terrenos se encontraban algunas extrañas edificaciones dignas de una inspección más profunda (o una aclaración breve de algún conocedor del lugar, que la aventura nos gusta pero tampoco nos metemos en todos los líos que vemos). Siguiendo la valla que cercaba el bosque, la atención se centraba ahora en encontrar una entrada al mismo, ya fuese una fabricada por los humanos o una fabricada por representantes de otras especies al destrozar los límites de los primeros. Tras hallar la preciada entrada todos los componentes del grupo, excepto una persona a quien pueden más las leyes que la falta de aventura en su vida, se adentraron en el bosque. Allí intentaron avanzar con destino incierto por las desigualdades del terreno (según nuestros expertos, por la acción de la lluvia y la ya conocida erosión del territorio), volviendo a dividir el grupo en dos partes según el sexo de sus componentes (si no contamos con que algún intruso se confundiese del sexo que lo representa) para centrar su atención en los distintos matices del terreno y volverse a unirse finalmente ante lo que parecía una casa.

Más pudo la imaginación dentro del bosque que los hechos en sí, ya que desde la visión de unos puestos de caza, una casa o lo que quedaba de ella, la erróneamente construida caseta de perro y los restos de esqueleto de algunos animales domésticos (tales como un perro o un caballo, según apreciaron los aventureros), unas peligrosas mentes fantaseadoras pueden crear una verdadera historia sobre un hombre armado que ve su paz alterada y sale en pos de los intrusos, una mujer con magníficos atributos y ansias de entablar, al menos, una conversación con desconocidos, o unos cazadores demasiado perturbados para distinguir a unos humanos de unas liebres. Finalmente, tratando de reunir el valor necesario para enfrentar a sus imaginativos miedos, se acercaron a la casa descubriendo que, como muchos de nuestros miedos en esta vida (y como cierto personaje público acaba todas sus actuaciones), “todo es producto de nuestra imaginación”.

Volvieron así los nómadas con el resto del grupo, donde ya se había comenzado una nueva actividad o juego llamado “el derribo de la lata sobre el palé”. Y es que ya es conocida la diversión y alegría por parte de los que lo practican y el entretenimiento que produce en los que observan la práctica de derribar un objeto con el lanzamiento de piedras, desde una distancia acordada y no determinada, con distintos estilos y pocos resultados. Fue ésta la parte en que nuestro mentor trató de enseñarnos cómo lanzar una piedra “al estilo pastor”, pero que prácticamente nadie consiguió emular.

Sin más, se acaba este relato, que se está extendiendo en demasiadas palabras, con los hechos que a continuación se relatan: el concurso terminó con el derribo del palé y no la lata, el rescate llegó finalmente a nosotros en forma de autobús con un preciado aire acondicionado, una cantidad de asientos sobrantes suficientes, unos cinturones a los que miramos extrañados (en escasas ocasiones hemos viajado en nuestra vida en un autobús con cinturón de seguridad) y acabamos abrochando, un viaje por delante digno de una siestecita reparadora y un día a nuestras espaldas que se presentó como una de las excursiones más libres que hemos realizado a lo largo de nuestra carrera.

Llegamos a nuestra hogareña escuela distinguiéndonos claramente del resto de asistentes, ya que se celebraba en ese momento la entrega de insignias de nuestro centro, a la que las personas acuden con unas galas considerables y no cubiertas de tierra, sudor y alguna quemadura solar “en lo arto”. Y algunas, todavía tenían ganas de subir a un castillo hinchable o  montar sobre algún que otro quad al final del día.