31 de julio de 2013

APRENDER VISITANDO. Cuarta entrega

A otro lugar fuimos y no sin percances salimos: fue un día diferente, una visita diferente, de la que sólo algunos pudimos disfrutar, un pequeñísimo grupo unido que, hartos de trabajar en MS-DOS, salió hacia un maravilloso paraje en nuestra sierra provincial.

Comenzando la mañana con alguna que otra olvidadiza persona, confirmamos mejor que nunca que el cuestionario sobre una visita sirve más como elemento estresante que como medio para aprender más sobre lo que en la finca se hace o produce o cómo se llevan a cabo los trabajos allí.




Descubrimos que no en todos los lugares a los que vamos parecemos extraños ya que por raro que parezca, la gente del lugar que no sabían ni quiénes éramos ni qué hacíamos allí nos trataron como jóvenes del pueblo que desayunan tranquilamente en el bar con los amigos mientras el perro de un vecino se acercaba a rascar (y que le rascasen) lo que pudiese.

Logramos ver, al menos algunos, el lado más amable y por otra parte salvaje de cierta profesora no muy apreciada por el alumnado en general y que aún algunos defienden, la cual dedicó su visita más al senderismo y al contacto con el mundo campestre que a vigilar nuestras preguntas, inquietudes y conversaciones con nuestro guía, ganadero de la finca. Aunque no por estar más lejos estaría menos informada, ya que los espías siempre han estado presentes.




Confirmamos que a veces las cosas son como parecen, alguien que no sabe no contesta dentro de clase puede hacer exactamente lo mismo en una visita, evitando el desmadre al que la mayoría vamos predispuestos, poniendo el oído en vez de prestarnos su voz y actuando como un ente (aclaración: refiérase en este caso a la tercera acepción del término según la Real Academia Española y no a lo que muchos de los alumnos de esta nuestra escuela hemos acuñado como “ente”, que más bien se refiere a la primera acepción o referente a ella).

Disfrutamos del más relajado y gratificante paseo por el campo de los que hayamos podido dar en todas nuestras excursiones campestres, viendo animales de varias especies distintas y de trato diferente, respirando un aire puro y hablando con un experto en la materia, con gusto por su trabajo y por nutrir a los que le escuchan de algunos de los conocimientos que posee.



24 de julio de 2013

APRENDER VISITANDO. Tercera entrega

Podemos hacer una visita doble y sacar de ello el cuádruple de anécdotas que contar a los que se la perdieron, fueron a la alternativa o simplemente no cursaron la asignatura promotora de dicha actividad. Estamos hablando de esa hermosa asignatura que los más locos de Agropecuarias cogen de Libre Configuración y los de Jardinería tienen como obligatoria, esa en la que intentamos ir las menos veces posibles al campo de un conocido, echando fotos a cuanto árbol se nos pone por delante e intentando que en cada una el tiempo parezca todas las estaciones del año.

Empezando la mañana con una visita a uno de los centros en los que muchos de nuestros compañeros imaginan su futuro como funcionarios, pudimos probar algunos y confirmar otros que una fruta sabe mejor recién cogida del árbol y aún pisando la tierra que la ha criado, que si la probásemos recogida de un comercio (aunque éste consista en una furgoneta cargada de cajas) días después a su recolección, y que sabe mejor si es posible, cuando una sola pieza de la fruta en cuestión ha de repartirse entre varios compañeros.

Pudimos confirmar que siempre que tengamos alimento susceptible de ser recogido y guardado a buen recaudo, será tomado con total libertad y sin suponer esfuerzo alguno si se dan las siguientes condiciones:
  1. El alimento será gratuito para el que lo vaya a consumir, que será algún familiar, amigo o la misma persona que la recolecta.
  2. La acción que se está desempeñando de recogida de alimento no debe ser el trabajo al que se está dedicando la persona en cuestión, ya que en dicho caso, sí que requiere esfuerzo por su parte.
Vimos que o los inventores de exprimidores no pensaron obtener zumo de todas las variedades de cítricos (intentad exprimir una mano de buda con un exprimidor de casa y luego lo discutimos) o algún investigador agrícola quiso obtener el colmo de estos inventores.



Algunos aprendimos en vivo y en directo cómo no es recomendable para un abrigo y unos pantalones la combinación de:
  • Una persona torpe y solícita ante la llamada de una amiga.
  • El riego de tierras de fácil conversión a barro.
  • Correr por un caballón (con fines prácticos es lo mismo que una pequeña cuesta empinada), cargada, con prisas e intentando esquivar ramas bajas de cítricos.


De camino a una visita a una central donde procesan fruta para su consumo en fresco, pudimos comprender que para hacer más rápido el desayuno de un gran grupo de personas lo mejor no es repartirse entre varios de los sagrados centros de culto a la cerveza con servicio de alimentación matinal sino saber escoger el de servicio más rápido. Esta es la conclusión obtenida a partir de la experiencia vivida en un pueblo en el que uno de los centros en cuestión estaba regentado por un buen señor y su anciana madre, a la cual dejó sola unos instantes, error grave por su parte porque al dejarla sola a cargo del despacho del tan ansiado alimento, pudo provocar en ella un estrés jamás sufrido al ver entrar por la puerta a un grupo de jóvenes desconocidos, hambrientos e incontrolables por salir rápido con la tripa llena y no tener que marchar con un trozo de tostada recién hecha en la boca. Una parte del grupo acertó a la primera con el servicio más rápido de la zona y pudo desayunar a gusto en otro de los centros mientras se veían inofensivas pirañas en la televisión.

También aprendimos que no es necesario estar en plena calle para poner en práctica las normas de circulación, sino que basta estar rodeados de carretillas posiblemente arrolladoras de personas para que circulemos por el camino marcado para peatones por miedo a caer al suelo a causa de un montón de palés en movimiento.



Supimos de repente que no es agradable la charla, al final de la visita, de nuestro guía si donde nos encontramos es en una sala bastante grande, llena de cajas y con una temperatura nada agradable (el frío en invierno no agrada a nadie a no ser que se esté rodeado de nieve).


Lavadora, enceradora y secadora de frutas, sí de frutas
Lo que no pudimos sacar en claro fue el criterio que siguen en empresas como estas para poner “papelitos” a unas piezas de fruta y pegatinas a otras. Y si alguien se atreve a mencionar alguna de las cosas que nos llevamos guardadas en nuestra mente, que las comparta con el resto del mundo, que la mejor manera de aprender nunca fue una clase, sino todas las alternativas posibles a ésta (desde la discusión con los compañeros hasta la salida a la puerta de la escuela, desde las bromas escritas en la mesa hasta la salida a un campo desconocido, desde un viaje en autobús hasta uno en coche, desde una frase en una red social hasta un comentario en algún blog perdido, desde una observación en un partido de voleyplata hasta un chiste en la mesa de la comidia).


12 de julio de 2013

APRENDER VISITANDO. Segunda entrega

Al igual que la anterior, la siguiente visita pertenece a una asignatura que decepcionó a muchos en varios aspectos pero en la que finalmente aprendimos algo. Sólo un alumno fue capaz de enfrentarse en cierta manera con los docentes y dirigirles la sensación que teníamos frente a la asignatura y es que el nombre nos engañó por completo, creímos que aprenderíamos sobre cierto tipo de ganadería y en una de las clases a la que asistimos nos dijeron “es que este tipo de ganadería no existe en sí”. ¡Pues no le pongáis ese nombre a la asignatura, que nos confiamos!

Pero bueno, tras la decepción, aprendimos que hay otra manera de comercializar productos, aprendimos a entablar una discusión constructiva en clase y tener que cortarla por falta de tiempo y no de argumentos (rara vez pasa esto en una clase), aprendimos a tratar de ver todos los puntos buenos, malos y mejorables de las explotaciones animales, nos enseñaron que para que ciertos análisis sean completos debemos ayudarnos de expertos en otros campos y que para ofrecer todas las alternativas posibles a la mejora de un problema o el cambio de una situación, hemos de ayudarnos de muchas de las asignaturas que hemos cursado durante la carrera.

Queda aquí lo aprendido en la segunda y última visita que hicimos debida a dicha asignatura:

Fue a una explotación caprina donde aprendimos que nuestras excursiones pueden resultar peligrosas si la finca no tiene una entrada acondicionada a las dimensiones de nuestro transporte, viéndonos expuestos al tráfico y a una pequeña excursión por el borde de una carretera no muy ancha hasta la entrada de la finca. Observamos que otras visitas nos habían servido de algo, al comprobar que aplicábamos lo ya aprendido en las nuevas (gracias al “cetemeo”, todos sabemos apreciar los síntomas o el síntoma principal de una explotación con problemas de sobrepastoreo, ¿verdad?). Y, cómo no, pudimos comparar por fin la presión ejercida sobre nuestro dedo cuando lo introdujimos en unas pezoneras (a instancias de uno de nuestros profesores de esa asignatura llamada Zootecnia que ya habíamos cursado), con la presión natural que inspiró el invento: la de los cabritos cuando nos acercamos a sus estancias.

Nuestro grupo de acorralamiento al ganadero
Ciertas fotos más que instruir, asustan

 Apreciamos que algunas veces no somos nosotros los que hacemos las peores preguntas (quién diría que somos más de campo que algunos profesores, ¿eh?), que algunas fichas se rellenan mejor preguntando a los compañeros experimentados que a los propios ganaderos (si es que hay preguntas que cómo se las planteas a un ganadero para que las comprenda y no lo ofendas), que se puede planear una tupperwada en pleno campo sólo con observar a unos cerdos ibéricos de muy buen ver o a un burrito escondido de la vista de los menos observadores y que las protestas por la falta de tiempo nos ayudan a demorar las entregas que nos corresponden con el consiguiente interrogatorio y/o copiado de los compañeros.


Hay fotos que es difícil dejar atrás


2 de julio de 2013

APRENDER VISITANDO. Introducción y primera entrega

¿Creíais que se había vuelto a acabar todo? ¡No! Ha habido un periodo de “cerrado por exámenes”, pero que llegue el verano no quiere decir que nuestras historias se hayan acabado. Por la dispersión que ha sufrido el grupo que encabeza los relatos que hasta ahora se han publicado, este año no tenemos una historia nueva en común que contar. Pero ¡no os preocupéis! Además de faltar cosas por relatar que aún no ha habido tiempo de sacar a la luz, no sólo de historias en común vamos a vivir, ¿no? En la variedad está la esencia.

Por ello, como bienvenida para aquellos que están por volver o ya han vuelto, recordatorio para aquellos que se han quedado y novedad para los que no nos acompañaron en nuestras vivencias, aquí tenéis lo que aprendimos en algunos lugares de nuestro turístico recorrido euitense en el pasado año. Será una corta serie de entregas de no muy extensa lectura y no serán relatos como tal ya que además de no tener problemas con el transporte para ofrecernos una aventura, hace ya tiempo de esto y la memoria de la que se tira para escribirlo no llega tan lejos.

Un autobús que nos acerque y podamos poner de barro hasta el techo, una EXCURSIÓN impuesta y unos cuantos compañeros con más ganas de ver campo y pasar un buen rato que de rellenar un cuestionario, que a veces nos sirve de bien poco, es lo único que necesitamos en la escuela para hacer de una visita técnica toda una aventura.


De la visita a una explotación de vacuno (que bien podría haber sido la dueña de "Carretilla", no hay más pistas) sacamos un cartel de película entrañable, un colocón de Zotal®, una pequeña competición para ver quién se llevaba la amistad de Coco (si un perro te muestra su cariño, es difícil hacerse el indiferente), una grata sorpresa al ver un semental equino de grandes dimensiones y bonita figura y una decepción estomacal, al ser víctimas de un malentendido. Fuimos invitados a desayunar según logramos escuchar de una voz que, aún hoy, no se sabe de dónde salió, y un instante después debíamos ver cómo nuestras esperanzas de llenar la tripa “gratis” se veían frustradas al descubrir que todo había sido una confusión ya que quien realmente llenarían su estómago serían los trabajadores de la finca, que en los próximos minutos saldrían a hacer su tarea ordinaria, y extraordinaria debido a nuestra presencia.
"La amistad de Coco"
 Cartel de la entrañable película
 Seguimos el ejemplo de las víctimas de toda película americana de miedo/intriga que se precie, aunque a ellos nunca les favorezca: la segregación del grupo. En nuestro caso, era necesaria para obtener información, la cual fluye más fácilmente si la que pregunta es aquella a la que apodamos Griselda (la hermanastra de Cenicienta, que nosotros tenemos apodos para todos) y el que apunta y pasa las respuestas al resto es el que pone el oído a su lado discretamente, que si se da cuenta, nos fastidia el invento.

Cuando ya no hay que recopilar datos,
nos ponemos en plan grupo
Aprendimos cosas como, que en la finca mejor llevada que hayamos visto algunos también pueden ocurrir accidentes (que no se altere nadie que nosotros no sufrimos accidentes que puedan tentar al seguro, pero las personas que funcionan de guías en nuestras visitas suelen compartir con nosotros tanto sus logros como las piedras que han tenido en el camino, tales como un incendio), que siempre hay otras ingeniosas formas de hacer las cosas y en eso siempre se llevarán la palma la gente del campo (ganaderos, agricultores y trabajadores que se manchan las botas diariamente), que siempre que tengas a personas que pretendan ver cuál es tu trabajo tienes que venderte lo mejor posible y que, como bien hemos aprendido a lo largo de nuestra carrera: PARA TRIUNFAR EN EL MERCADO, hay que DIVERSIFICAR el producto.


El "producto"
Pero no sólo aprendimos, pues qué sería de nosotros, futuros ingenieros (técnicos, aunque a muchos se les olvide el apellido y quiera subir de categoría), si no pusiésemos peros a la más notable explotación que hayamos visto y veamos en años. ¿Qué pasaría si no pudiésemos poner objeciones? Nada, porque si a ninguno de nosotros se le ocurre, ahí están los guías de nuestros conocimientos, nuestros adorados profesores, para echarnos una mano a la hora de echar tierra encima a esas personas que nos reciben en sus casas para enseñarnos hasta el cuarto de baño si es necesario.

Para que no nos coja el toro,
nosotros vamos a verlo directamente