Tras los dedos que golpean el teclado para escribir estas letras, un puñado de sentimentales, una generación de afortunados y unos pocos agradecidos. ¿Por qué? Por haber gozado con el aprendizaje de una asignatura y de unos profesores que aun disfrutando lo que enseñan, saben hacer que el que intenta aprender acabe divirtiéndose. Por ello y porque no todos los días se escribe la estimación a los que nos enseñan, aquí va nuestro singular elogio a la Topografía.
Ésta es una de esas asignaturas que ves en la guía del curso y dices “¿cómo será?”.
Después te metes en la página de la Universidad de Sevilla y descubres que para cursarla, debes saber Dibujo. Es entonces cuando piensas: “creo que no me va a gustar mucho, o más bien nada”. Pero tienes que cogerla porque es obligatoria (al menos para una de las especialidades) y esperar a que llegue la hora en que la tengas que cursar.
Cuando llega Septiembre, empiezas a conocerla, empiezas a descubrir lo que se escondía detrás y no parece ser muy atractivo, como ya te esperabas.
Te das cuenta que va a ser un sufrimiento y algunos incluso la dejan antes de empezar por no querer seguir más allá. Son éstas las personas que se pierden lo bueno, porque la asignatura a cambiando a lo largo del curso y uno va cambiando con la asignatura, empezamos a salir a “campo”, empezamos a toquetear instrumentos de medida que van desde lo más simple y conocido a lo más exacto y desconocido, comenzamos a gritarnos unos a otros: “¡aplomaa!”, “¡ya puedes ir al siguiente punto!”, “¡¿pero dónde está el siguiente punto?!”, “¡¿a quién se le ha vuelto a olvidar un prisma?!”, “¡¿quién se ha llevado mi estaca?!”,...
Ahí es cuando empieza lo bueno, ahí es cuando comienzas a divertirte y el hecho de aprender te gusta, cuando comienzas a comprender cosas, a desenredar lo que al principio no comprendías, ahí, ahí es cuando algunos hemos llegado a disfrutar con la Topografía.
Hemos aprendido a hacer un Porro, a apreciar la comodidad de estar en una silla a la sombra a las cinco de la tarde en abril-mayo o en pleno invierno cuando azota el frío y a encontrar más o menos el Norte siempre sin perder el Sur. Hemos esperado impacientes, incluso después de un plato de garbanzos, cada semana a volver a dar clase, salir a campo, estar con los compañeros y trabajar con ellos, aprendiendo juntos a cometer errores llevando estaciones de más o trípodes de menos, levantando una estación sin terminar de tomar todos los datos, guardando siete veces el mismo punto en la memoria, leyendo una mira al revés, poniéndote debajo de un árbol a medir con un GPS, …
Pero no es sólo la asignatura en sí, porque por todos es sabido que un mal profesor puede hacer de un maravilloso aprendizaje el peor de tu vida, el más odiado y el más pesado.
Por suerte no es éste el caso pues, al menos los que hemos cursado este último año la asignatura, hemos apreciado el buen hacer de sus profesores: haciendo amena una clase, acercándose al alumno como nadie más, tratándolo de igual y no inferior, comenzando su explicación desde el principio de los tiempos si es necesario para que llegue a comprender todo, dejando atrás el horario establecido para resolver cualquier duda, por mínima y estúpida que parezca (incluso para alumnos que no estén cursando la asignatura), dejándonos libertad para aprender a manejar los instrumentos pero siempre detrás por si surge alguna duda, fomentando el trabajo en grupo de la mejor manera posible (“fuera de clase”), poniéndonos en situación en cada momento al comentarnos problemas reales… En fin, qué decir, todo es poco porque poco tiempo hemos tenido para apreciar.
Gracias a unos estupendos profesores, hemos aprendido más sobre una asignatura y más sobre la propia vida.
Para finalizar, sólo hay que expresar la pena por aquellos que dejarán nuestra escuela en el año próximo, porque las siguientes generaciones estarán faltas de su enseñanza y a los que se quedan, hemos de darle aliento, para que sigan haciendo su trabajo de la misma manera o mejor si cabe.
Nosotros hemos aprendido, nos hemos divertido e incluso muchos, hemos aprobado (aunque no haya sido a la primera y se haya pedido perdón por ciertos errores). Así que GRACIAS, de parte de los que escriben, retocan y publican y de todos aquellos que apoyen y sientan estas letras.