12 de julio de 2013

APRENDER VISITANDO. Segunda entrega

Al igual que la anterior, la siguiente visita pertenece a una asignatura que decepcionó a muchos en varios aspectos pero en la que finalmente aprendimos algo. Sólo un alumno fue capaz de enfrentarse en cierta manera con los docentes y dirigirles la sensación que teníamos frente a la asignatura y es que el nombre nos engañó por completo, creímos que aprenderíamos sobre cierto tipo de ganadería y en una de las clases a la que asistimos nos dijeron “es que este tipo de ganadería no existe en sí”. ¡Pues no le pongáis ese nombre a la asignatura, que nos confiamos!

Pero bueno, tras la decepción, aprendimos que hay otra manera de comercializar productos, aprendimos a entablar una discusión constructiva en clase y tener que cortarla por falta de tiempo y no de argumentos (rara vez pasa esto en una clase), aprendimos a tratar de ver todos los puntos buenos, malos y mejorables de las explotaciones animales, nos enseñaron que para que ciertos análisis sean completos debemos ayudarnos de expertos en otros campos y que para ofrecer todas las alternativas posibles a la mejora de un problema o el cambio de una situación, hemos de ayudarnos de muchas de las asignaturas que hemos cursado durante la carrera.

Queda aquí lo aprendido en la segunda y última visita que hicimos debida a dicha asignatura:

Fue a una explotación caprina donde aprendimos que nuestras excursiones pueden resultar peligrosas si la finca no tiene una entrada acondicionada a las dimensiones de nuestro transporte, viéndonos expuestos al tráfico y a una pequeña excursión por el borde de una carretera no muy ancha hasta la entrada de la finca. Observamos que otras visitas nos habían servido de algo, al comprobar que aplicábamos lo ya aprendido en las nuevas (gracias al “cetemeo”, todos sabemos apreciar los síntomas o el síntoma principal de una explotación con problemas de sobrepastoreo, ¿verdad?). Y, cómo no, pudimos comparar por fin la presión ejercida sobre nuestro dedo cuando lo introdujimos en unas pezoneras (a instancias de uno de nuestros profesores de esa asignatura llamada Zootecnia que ya habíamos cursado), con la presión natural que inspiró el invento: la de los cabritos cuando nos acercamos a sus estancias.

Nuestro grupo de acorralamiento al ganadero
Ciertas fotos más que instruir, asustan

 Apreciamos que algunas veces no somos nosotros los que hacemos las peores preguntas (quién diría que somos más de campo que algunos profesores, ¿eh?), que algunas fichas se rellenan mejor preguntando a los compañeros experimentados que a los propios ganaderos (si es que hay preguntas que cómo se las planteas a un ganadero para que las comprenda y no lo ofendas), que se puede planear una tupperwada en pleno campo sólo con observar a unos cerdos ibéricos de muy buen ver o a un burrito escondido de la vista de los menos observadores y que las protestas por la falta de tiempo nos ayudan a demorar las entregas que nos corresponden con el consiguiente interrogatorio y/o copiado de los compañeros.


Hay fotos que es difícil dejar atrás


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